Juegos Tradicionales
Jugando no sólo se disfruta, sino que se aprende, se estimula la creatividad y la imaginación y se propician espacios de reflexión. A través de los juegos, el ser humano, en la primera edad, se entera de que la vida social está regida por normas, se relaciona con los demás en un espacio de mutua identificación e incentiva su sentido por la (sana) competencia. No en vano se acostumbra decir que, guardadas las proporciones, “la vida es un juego”.
Los juegos tradicionales son patrimoniales porque se han trasmitido de una generación a otra, porque todo aquel que recuerde su niñez rememorará los momentos de juego y esparcimiento. Y qué mas patrimonial que la memoria.
Y hay más: muchas manifestaciones culturales tuvieron su origen en los juegos, o fueron en un principio intentos de diversión, como los deportes, la música, la literatura, la danza, entre otros.
No puede entonces concebirse una vida sin juegos, y esa sencilla pero contundente razón hace de estas prácticas lúdicas valores patrimoniales en esencia.
El patrimonio cultural de Bogotá, en su componente inmaterial, goza de este constitutivo: los juegos tradicionales.
Carros de balineras o esferados
Escondidas, escondite, cuclí, cuclí de tarro


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